domingo, 11 de julio de 2010

Un hombre, Un dios:

“Bajo los pies del majestuoso me encuentro intentando no ser pisado por sus patas de oro”.

Miseria y soledad acogen mi pensamiento obscuro, tan lleno de piltrafas como de palabras que he ingerido atroz y peligrosamente, me he enganchado a esto como a la madre superior en su momento; es extraño todo esto, pues de bajo de mi manga no encuentro ningún suspiro y detrás de aquellas nubes no logro descubrir que trajo al majestuoso por aquí.

En mi mano la cruz que salvará a lo que resta de la humanidad y debo decir que la devoción y yo somos enemigos pero ahora tras la desnudes de mi espíritu lo que resta es llorar.

Bajo mi ingle un cráneo traído del pétreo submundo, que me mira fijamente mientras intento irremediablemente detener a los dientes del destino.

Gran majestuoso, no nos dejes volar jamás, no le des alas a los alacranes, gran majestuoso; arranca nuestras extremidades si es necesario que todo esto nos lastimará cuando el oro de tus pies caiga sobre el suelo. Dichosos los ángeles que montan tu lomo y maldigo a los paquidermos que caminan tras de ti, pues cargan la desgracia en sus largas patas.

"Has que el destino limite nuestro poder..."

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