miércoles, 6 de octubre de 2010

MI VIEJA AZTLÁN:



Partiré por las montañas del peculio, erguido y sin bandera caminando por las vías del espurio.
La noche; amiga y aliada de mi destino, los faroles que simulan ser los dioses del camino alumbrando el dolor que me aqueja por haber dejado a mi hijo.
Un vagón tan pequeño para miles de indocumentados y en nuestras ropas ese olor a muerte impregnado que va por el desierto vagando de lado a lado, navegando en busca de un rincón para alojarse, para esconderse y en su caso para hacer de un cuerpo su destino.
Bajo las alas de un cuervo, rasgando el brillo de las cuerdas de mi guitarra, escuchando entonar canciones de dolor y llanto, viendo parir a las nubes y dirigiendo la orquesta de gangrena en las heridas de la gente que va sentada en el vagón.
Perdóname desierto; por no darte ni una gota de agua, por no poder aliviar tu sed de sangre y por dejar tirados a mis hermanos cerca de la muerte y los coyotes.
Perdóname noche; por segur gritando al olvido, por guardarme todos esos sueños y por insultar tu grandeza.
En el cielo las manadas de estrellas se hacen presentes, en mi mejilla brota un recuerdo del pasado.Pobre México sigue siendo presa de los ricos y políticos, de las risas y robos, de los descarados y los avergonzados. Pobre México lo dejé atrás sin ningún remordimiento.
Perdóname México; por no darle de comer a tus hijos, por tenerlos encerrados en las celdas de la realidad y por no aprovecharnos de tu bondad.
Ya pasó lo más difícil, encaminado y esperando a que suene el primer disparo yankee, la caída de un hermano, el deceso de una madre, el llanto desgarrador de los niños o en su
defecto, caer en las manos de los de la ultima letra del abecedario. Ya no hay Estado de derecho.
Tras los nopales y las dunas, hacemos la primer parada. Una mujer embarazada se adelanto al milagro, un bebé de risos negros quedó en el desierto abandonado a su suerte como un perro. Para su madre era más importante el sueño americano. ¿Quién soy yo para criticar semejante atrocidad? no soy nadie, pues de igual manera abandoné a los míos, tal vez no en un desierto sino en un lugar peor, los dejé en casa, cerca de la delincuencia y de las matanzas.

Tan solo me queda mirar las manadas de estrellas que cubren el aliento de la nocturnidad.
Sin más por el momento, me despido de mi vieja Aztlán.





1 comentario:

  1. Doloroso y verdadero.

    Eres un gran escritor, plasmas de una manera impactante las realidades que miras, que vives y sueñas...

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